viernes, 29 de septiembre de 2017

DERECHO A DECIDIR, EN PAZ.

España, y sobre todo Cataluña, se enfrentan a uno de sus grandes retos de los últimos años.
En medio de la clásica polémica histórica, se agudizan las vías de diálogo, y eso lo hace todo más difícil, por lo que hoy queremos llamar a la cordura, en medio de los pronunciamientos de unos, las reacciones de otros; y, en algunos casos, la hostilidad y la intolerancia.
Desde la posición de ciudadano comprometido, y como demócrata, estamos a favor del derecho a decidir. Hacemos un llamado al diálogo y a la reflexión. Sabemos que por diversas incoherencias, incomprensión, la falta de diálogo, negociación y pacto, hemos llegado a donde estamos.
Siempre hemos estado de acuerdo con una consulta o referéndum pactado y con garantías; pero, luego entendemos que la situación en que estamos, de alguna manera, nos hace detenernos y meditar en que algunos se quieren aprovechar del sentimiento ciudadano, lo que pudiéramos definir como estrategia de "pescar en río revuelto".
El referéndum del 1ro de octubre no tiene ningún tipo de garantía, y esto porque no ha sido dialogado, negociado y pactado por el gobierno español y el catalán. Y al no ser avalado por ambas partes, más que avanzar hacia el derecho a decidir, lo que está haciendo es retroceder en ese sentido.
Ambas partes enroscadas descalifican este proceso, no aportando una solución que favorezca ni a España ni a Cataluña, como también se descalifican a ellos mismos para encontrar una solución satisfactoria, pero para todos. Además, el gobierno catalán ha desvirtuado el proceso, queriendo hacer de manera acelerada lo que debió cimentarse en un diálogo comedido y de consultas, propuestas, en lugar de aprovechar el sentimiento de independencia, situación que en estas condiciones no se explica, ni justifica.
En esta crisis que lleva aproximadamente 12 años, el presidente Rajoy, cuando era candidato, manejó con torpeza el tema en Cataluña. Luego siendo presidente, ha abusado de un inmovilismo y silencio sin precedentes. En cambio, el presidente Puigdemont, actúa como el mártir de esta historia.
Es la primera vez que Cataluña y España se enfrentan a una crisis de esta magnitud, por lo que debemos evitar este choque de trenes. Es preciso y urgente ser ecuánimes de ambas partes, y no querer aprovechar esta coyuntura en términos electorales. En estos momentos ya se vice fractura social en Cataluña, y tenemos el temor de que vaya a más, con violencia incluida.
Que cada cual haga valer su voluntad de ir a votar o no, pero con el deber de respetar al otro, dentro del marco de derecho que tenemos todos de vivir en paz.




Antonio Gómez Peña.-

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