sábado, 3 de septiembre de 2016

¡Hoy Doña Milo está de fiesta y espera que Raulín cumpla su promesa!



Este sábado 3 de septiembre Doña María Cabrera Guzmán (alias Milo) está de fiesta, celebrando sus 104 aniversarios de nacimiento y espera solo una cosa, y es que el popular cantante de bachata, Raulín Rodríguez, cumpla con su promesa de celebrar junto a ella su natalicio.

Doña Milo como le conocen popularmente es una gran admiradora del popular cantante bachatero y el año pasado solo tenía un deseo para su cumpleaños número 103, y era no morir sin llegar a conocer personalmente a su ídolo favorito Raulín Rodríguez, quien unos días después hizo realidad el sueño de la centenaria dama, al visitarla en su residencia de la calle Villa Alejandrina, en el Km. 9 y medio de la carretera  Sánchez, en la ciudad de Santo Domingo. Capital dominicana.

El año pasado al cumplir sus 103 años, Raulín Rodríguez, visitó a Doña Milo, y le prometió celebrar además los 104 natalicios de la admiradora más longeva que puede tener un artista de este género  músical, razón por lo cual la centenaria dama espera por el cumplimiento de la promesa, aunque entiende que los compromisos del artista se han multiplicado al incursionar en la política y salir siendo electo sindico de su comunidad en la Provincia de Monte Cristi donde reside el mismo.

Doña María Cabrera Guzmán, madre de 6 hijas, quienes en su mayoría residen fuera del país y han regresado a la República Dominicana para festejar juntas a su madre su fecha natalicia, incluyendo a Marisol Suazo, residente en Holanda.

Además de Marisol son sus hijas: Ángela, Mercedes, Julita, Aida y Sonia; además: Doña Milo tiene un total de 24 nietos, 38 biznietos y 6 tataranietos que componen su cuadro familiar.

A Doña Milo, le deseamos un cumpleaños feliz y que una vez más pueda ver su sueño realizado, ahora dice que el mismo queda solo de las manos de Dios y del propio Raulín Rodríguez.-  sencillamente feliz cumpleaños Doña Milo y ojalá que este último se multiplique por muchos años más.




 Por Olga Capellán.-

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