miércoles, 23 de febrero de 2022

Dimitir o pedir perdón

 

Por: Becker Márquez Bautista.

Amigo lector, si en la República Dominicana se implementará un código de ética y moral, en donde los funcionarios públicos reconozcan sus errores y metidas de patas aprendiendo a pedir perdón y dimitir de sus funciones, desde ese mismo momento inicia un proceso de avance en nuestra sociedad.

La equivocación es una acción puramente humana, ya que todas las personas que vivimos en este mundo nos equivocamos solemos cometer errores en la vida. Sin embargo, hay gente a la que se le hace difícil y muy cuesta arriba admitir sus propios errores y sus equivocaciones. Es tan así, que son grabados y aún así se atreven a decir que la manipularon.

Hay que reconocer que el argumento de la manipulación y que me sacaron de contexto, es el camino más cercano para evadir la responsabilidad, claro está, si se trata de un un funcionario público. Siempre van aludir que esto viene por los enemigos que hemos combatido, por las anomalías que hemos encontrado.

En nuestro caso, las veces que nos hemos equivocado, he reconocido mis errores y automáticamente empiezo a subsanarlo y además, creo que reconocerlo a tiempo me engrandece y me da una oportunidad excepcional para crecer en humildad y darnos cuenta de que la vida es casi un ensayo continuo del que aprender. es de sabios el acompañar cada fallo, cada descuido y ofensa con un “perdóname”. Una virtud de unos “pocos” que “muchos” deberían poner en práctica.

Hay que reconocer que ese mecanismo interno de autoevaluación mediante el cual darnos cuenta de que no hemos hecho lo correcto, está dominado muchas veces por un conocido inquilino llamado “ego”. De hecho, no hay peor carcoma que la de quien lejos de empatizar con las personas ofendidas, se centra únicamente en la sutil pero feroz necesidad de proteger dicha dimensión.

Si lo analizamos bien nos damos cuenta la palabra “perdón” la usamos casi a diario. Cuando tropezamos con alguien, cuando nos adelantamos en nuestras conversaciones y quitamos la palabra a un amigo. Sin embargo, son muy pocos quienes tras equivocarse en un ámbito más delicado y profundo de sus vidas, son capaces de dar el paso y desnudar su corazón con un “lo siento, no lo he hecho bien. Te pido perdón”.

Reconocer nuestros errores, pedir perdón, dimitir de nuestra funciones. No nos hace ser un cobarde, al contrario, eso nos hace ser una persona digna de emular.

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