viernes, 21 de mayo de 2021

 

El precio del silencio

EDITORIAL

En un país como República Dominicana donde impera mayormente la corrupción, tanto la verdad, así como la mentira tienen su precio, es por ello que en diversas situaciones se puede claramente identificar como se manejan las cosas, donde todo es cuestión de la suma a pagar.

Estamos acostumbrados a que si no hay una gratificación de por medio no caminan las cosas, y si caminan no van al ritmo deseado, porque falta la gasolina.

Es de ahí donde se desprende que cualquier persona de los más pobres estratos sociales se convierta en poderosa desde que tienen la más mínima oportunidad, cosa que se ve mayormente en la clase política.

Pero no solo en la clase política se dan casos semejantes, sino que todo depende la posición a que tienen acceso, aunque debería considerarse como debilidades de los seres humanos.

Lamentablemente al parecer en este país la gente nace predestinada, donde si te tocó, te tocó, de encumbrarse hasta las esferas sociales más altas, o morir en la indigencia, porque la desigualdad social existente divide a nuestra sociedad en diversas clases, donde quienes manejan el poder (con sus excepciones) se creen tener el derecho de manejarlo a su antojo, sobre todo cuando existe una clase que veedora de los asuntos, o que está para decir la verdad, pero que en su mayoría no lo hacen.

¿A qué se debe todo esto?

Pues sencillamente a que en los países con debilidades endémicas jurídicas como el nuestro, donde hasta los ciegos practican la corrupción, muy escasamente hasta al el pueblo común llegan las verdades que no sean retorcidas, porque nadie se ocupa de que se diga la verdad, porque por lo regular estas siempre duelen.

Lamentablemente las personas y hasta determinados medios de comunicación se hacen de la vista goda, tomando en cuenta que cada quien tiene su precio, eso pasa mayormente en las instituciones del Estado, que casi siempre pagan para maquillar verdades o para transformarlas en burdas mentiras, pagándoles a sus informadores el precio del silencio.

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